Mi cuerpo ya no responde de la misma manera, porque mi mente y mi corazón están agotados, presionados por las intrigas, las dudas, la desconfianza y todo lo que hemos vivido. Me dices que perdiste algo, y creo que podría llegar a entenderlo si sintiera que, en algún momento, tú también hubieras cuidado de lo que yo sentía.
Me juzgas, pero no hablas con claridad. Vas diciendo las cosas de a poco, como un puñal que se hunde lentamente con cada palabra. Y aunque mi corazón, en el fondo, está tranquilo respecto de mí y de lo que he hecho, mi mente no deja de preguntarse qué pensar, qué sentir y qué creer.
Sé que has dicho muchas cosas y probablemente yo también. Quizás ambos hemos cometido errores, hemos hablado desde el dolor y hemos dicho palabras que no debimos decir. Pero si tú has perdido el horizonte, por favor, no me lleves contigo. Si perdiste la motivación que alguna vez te daba nuestra relación, si perdiste la fe en nosotros, no me arrastres contigo hacia ese lugar, porque siento que así solo terminamos destruyendo lo poco que todavía nos queda.
Yo ya no quiero seguir sintiendo este dolor.
Y decirlo me rompe, porque te amo y creo que siempre te amaré. Tú eres la persona que elegí para compartir mi vida. Eso fue lo que sentí y lo que sigo sintiendo, pero cada vez me cuesta más creer que tú todavía me ves de la misma manera. A veces siento que nunca lograste ver todo lo que significabas para mí ni todo lo que estaba dispuesta a entregar por nosotros.
Es duro. Muy duro. Porque una parte de mí quisiera correr a tus brazos, abrazarte y entregarte todo el amor que todavía tengo. Pero el dolor que llevo dentro ya no me deja hacerlo. Lo siento incluso en mi cuerpo. Me está afectando, me está enfermando y cada día siento que pierdo un poco más de mí.
Lloro, aunque ya estoy cansada de llorar. Y tampoco quiero que me veas como una víctima. No quiero que sientas lástima por mí. Solo quiero que entiendas que estoy realmente herida y que estoy tratando de mantenerme de pie mientras por dentro siento que me estoy desmoronando.
También me has hecho sentir que soy la culpable de todo esto, y no quiero cargar con una culpa que no me corresponde. Seguramente tengo cosas que reconocer, errores que asumir y palabras de las que hacerme responsable, pero esto que nos está pasando no puede depender solamente de mí.
Hay demasiado que pensar y, sinceramente, ni siquiera sé si estoy logrando expresar bien todo lo que siento.
Quizás lo más difícil de todo es tomar la decisión de soltar aquello que todavía amas. Y quizás tú también sabes lo que significa, quizás incluso estás viviendo algo parecido. Tal vez los dos estamos intentando entender en qué momento nos perdimos.
Porque yo me perdí.
Y hoy no sé cómo encontrarme nuevamente.
Hay momentos en los que quisiera desaparecer de todo este dolor, dejar de sentir, dejar de pensar y simplemente escapar. Pero tengo a mis pequeños, y ellos me recuerdan que todavía hay una razón para seguir adelante, incluso en los días en que siento que ya no puedo más.
Por eso necesito ser sincera contigo: por mucho que te ame, cada vez siento con más fuerza que quizás tú ya no me amas de la misma manera. Y si todavía me amas, a veces me pregunto si es por amor verdadero o por costumbre, miedo, comodidad o por todo el tiempo que hemos compartido.
Y esa duda también me duele.
Porque cuando años atrás vivimos un dolor parecido, aunque fue profundamente doloroso para mí descubrir que quizás yo no era lo que tú querías, nunca dejé de creer en ti. Nunca dejé de elegirte. Nunca dejé de apostar por nosotros.
Por eso hoy me duele tanto estar aquí.
No quiero obligarte a quedarte. En algo que veo que no quieres
Si todavía existe algo que salvar, quiero saberlo y quiero saber si ambos estamos dispuestos a luchar por ello.
Pero si ya no existe, también necesito que tengas el valor de decírmelo.
Porque, aunque me duela profundamente, prefiero una verdad que me rompa de una vez antes que seguir muriendo lentamente entre la incertidumbre y la esperanza.
Yo te elegí para la vida.
